Pablo Rago
Benjamín Rojas y Pablo Rago en la película “La Leyenda”

“Es bastante aburrido de filmar, no manejé ni un metro, imaginate que no nos dejaban tocar los autos, son armas de fuego. Tuve que robarme el auto para poder manejarlo, esperé hasta que se dio el momento, no me podía quedar con las ganas, pero en general fue agotador. Nos dábamos ánimo con Benjamín diciéndonos que íbamos a ser como Meteoro. Ojalá sea el principio de un negocio para el cine. Es una película de género y en la Argentina no se hacen películas de este tipo. La típica película argentina es contar historias sobre chicos de la calle, desaparecidos y me parece que ya pasó el tiempo para todo eso”.
Con declaraciones fuertes, Pablo Rago resumió su paso por la filmación de “La Leyenda”, un filme con todos los adelantos técnicos, que en agosto se estrena en la Argentina. En el elenco co-protagonizan Benjamín Rojas y Leonora Balcarce.
La protagonista de “Vidas Robadas” y sus comienzos en TV

Mónica Antonópulos trae sangre griega, curvas latinas y actitud cien por ciento argentina. Pertenece, dice, a la nueva generación de mujeres que luchan por lo que quieren hasta conseguirlo. Lo primero de todo, recuerda Mónica, fue un trabajo de modelo. Nacida en San Justo y criada en Mataderos, llegó a la city porteña en busca de su primer sueño: al mes estaba haciendo una publicidad de cremas para Colombia y, años más tarde, hasta posó desnuda para la tapa de la revista Playboy. “No me arrepiento, pero hoy no lo volvería a hacer”, dirá durante la nota, como para espantar ratones ajenos.
Por estos días anda besándose ante cámaras con Facundo Arana, el papito más sexy de la tele. Pero eso no es todo: éste es el primer protagónico para Mónica Antonópulos, quien carga con el papel de heroína en Vidas robadas, la nueva novela de Telefe.
Todavía no puede creer el estar ahí, confía. Pero, asegura, nada fue por casualidad. Hija de Pedro (carnicero) y Lucy (cosmiatra), se puso a estudiar Economía para darles el gusto del título. Entonces se cruzó con Gastón Portal y todo cambió: hizo una prueba de cámaras y terminó interpretando a “una chusma de barrio” para El ojo cítrico. La tele, supo, era lo suyo. Y nunca más paró. Se animó a actuar en Sin código, a integrar el panel de Acoso textual, volvió a la ficción en Son de Fierro y La ley del amor, hizo Extraña pareja en teatro (con Carlos Calvo y Pablo Rago) y hasta grabó el videoclip Crimen, de Gustavo Cerati.
